Aprende cosas nuevas

Como parece que va a haber unos cuantos días en los que se va a trabajar poco, es buena ocasión para aprender cosas nuevas. Por ejemplo, para aprender a escribir libros serios, que no es tan fácil. O para aprender a revelar en blanco y negro en eso que se llamaba el cuarto oscuro y ya nadie utiliza. O bueno, para aprender a cocinar, que eso sí que es útil, sobre todo en las actuales circunstancias.

Estos libros se pueden ver aquí (hay que pinchar sobre la portada):

 

Imagino que con esto lo pasaréis bien, pero si no…

El que quiera ver paisajes bonitos de este país puede mirar ESTO.

AQUÍ se pueden ver otras fotos, y el que quiera ver novelas para entretenerse, puede ver ESTO.

Cebolla y sopa

La cebolla, pese a lo que piensa mucha gente que no sabe cocinar o prefiere comer comida preparada (latas, congelados, precocinados), es la base de la cocina española y resulta difícil nombrar un plato en el que no intervenga (aunque diré uno: el salmorejo).

¿Cómo se empiezan los estofados, las patatas guisadas, los pistos, los pescados al horno, las tortillas de patata…? Friendo cebolla picada. ¿Y los cocidos? Picando cebolla para que cueza con garbanzos, alubias o lentejas. ¿Y qué decir de los gazpachos o de las sopas, en los que resulta ineludible? ¿Y los platos cuyo nombre alude a esta maravilla, como son los encebollados, riñones encebollados, bonito encebollado…? ¿Y los aros de cebolla fritos sin más, que para tantas cosas sirven?

Prácticamente todo se hace con cebolla, y no sé cómo nos apañaríamos sin ella, y para que se vea que sola también se puede comer, ahí va una receta que está buenísima:

Sopa de cebolla

Dos cebollas. Se pican más o menos y se rehogan en aceite del bueno. Cuando están blandas se añade caldo y se pasa todo con la minipimer, con lo que se consigue una pasta más o menos líquida. Se añade más caldo de carne (también sirve el de verduras), pan duro en trozos –bastante, como media barra–, salsa de tomate (un par de cucharadas), un puñado de arroz y sal al gusto, y se cuece todo una hora o cosa así. Cuando cuece se sumergen en la sopa un par de huevos (enteros), que, una vez cocidos (un cuarto de hora) se pelan y pican encima de la cazuela. Al final, cuando ya parece que está todo, se le añade queso rallado, o queso de cabra en trozos, y se revuelve de forma que se deshaga, pero sin levantarle la vista de encima o poner el fuego fuerte porque el queso se agarra al fondo.

Se deja reposar un rato y se recalienta para comer, con mucho cuidado de que no se pegue el fondo (por el queso). Una alternativa final es verterla en una fuente de horno y gratinarla para que se haga una buena costra por encima.

Otra forma: se pican tres cebollas gordas y se sofríen con aceite. Una vez hechas se añade una cucharada de harina y se revuelve para que se fría. A continuación se añade bastante caldo y se hace cocer durante una hora u hora y media. Una vez todo cocido, que la cebolla se habrá deshecho casi por completo, se añaden unos huevos duros picados, pimienta y un poco de coñac, y se deja cocer otros cinco minutos. El resultado final deberá tener bastante cuerpo.

Para servirla se vierte en una fuente de horno y, encima, se colocan varias rebanadas de pan basto y tostado previamente, con mucho queso parmesano y emmenthal o gruyère de forma que lo cubra todo, y el conjunto se gratina a horno fuerte.

Podría seguir, pero lo dejo AQUÍ.

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Los grandes aficionados a la cocina pueden mirar en ESTE SITIO.

Y los amantes de las fotos pueden hacerlo AQUÍ (en donde hay paisajes que casi nadie ha visto).

Para aficionados a escribir

Hablando de esto de escribir novelas, relatos, cuentos…, conviene tener presentes unas cuantas reglas y hacerse una cierta idea de un sinnúmero de trucos que existen y pueden facilitar la labor. Hay bastantes libros sobre el asunto, y en internet, por lo que he visto, se habla de ello con asiduidad. Como he escrito bastante durante los últimos veinte años, se me ha ocurrido contar lo que he descubierto, libro que se reseña. Ahí podéis encontrar ideas sobre cómo fantasear, escribir, corregir, publicar, vender…, es decir, el proceso completo. No es ningún manual milagroso, porque estas cosas no existen, pero a lo mejor su lectura os induce ideas que no se os han ocurrido, que siempre está bien que te lo cuenten y no tener que andar batallando para descubrirlo.

Bueno, el enlace para verlo es este:


Y hablando de esto de leer, escribir, AQUÍ podéis ver más cosas.

Y si queréis ver fotos de este país (paisajes), que es muy fotogénico, podéis verlas AQUÍ.

Flan de limón

No es un flan, pero es una cosa muy parecida que suele tener muchísimo éxito. Además, es muy fácil de hacer y no se necesita horno: sólo nevera.

Los pasos son:

1 – Con algo de agua y varias cucharadas de azúcar se hace caramelo en una sartén, que se requeme un poco. Se aparta del fuego.

2 – En un cazo se calienta un vaso de agua (cuarto de litro) con el que se hace gelatina de limón (un sobre de unos 85 gr), y una vez disuelta se añade otro medio vaso de agua fría y se vuelve a revolver.

3 – En el bote de la minipimer, y con esta herramienta, se bate el contenido de uno de esos envases de leche concentrada (La Asturiana, Ideal, etc.). Sube algo, y una vez batida se añade un vaso de vino de azúcar y se vuelve a batir.

4 – En un cuenco se echa esta leche batida, algo de ralladura de piel de limón, el zumo de dos limones (se vuelve a batir todo), y el contenido del cazo de la gelatina. Una vez más se mete la minipimer para que aquello quede homogéneo.

5 – Esta mezcla se vuelca sobre el caramelo que hay en la sartén, y por encima se puede poner un lecho de galletas o bizcochos.

En esta foto se ve cómo queda todo armado.

6 – Se mete la sartén en la nevera durante un par de horas (o más: un día entero si se hace de un día para otro, que mejora mucho y las galletas se reblandecen).

7 – Cuando se vaya a comer se da la vuelta a la sartén usando una fuente que tenga algo de borde (para evitar que se salga el almíbar que suelta, que es muy bueno).

En esta otra foto se ve el resultado final. Ya digo que suele tener mucho éxito, en especial entre los niños, pero igualmente entre los mayores.

 

AQUÍ y AQUÍ se habla de asuntos de cocina española, y además, si quiere ver otras cosas (libros de varias clases, aunque sobre todo novelas de aventuras), hay que ir a ESTE ENLACE.

Comida española durante un viaje

Que en este país se come bien, no hay para qué repetirlo, pero como últimamente he dado una larga vuelta por sus caminos, he aprovechado para observar cómo están las cosas con esto de la modernidad, que seguramente han cambiado mucho. El resultado ha sido bueno, a saber:

Fideuá en Valencia (muy buena)

Helado en Alicante

Caldo gallego en Lugo (de lo mejor)

Cordero guisado en Castilla

Gazpacho en Cáceres

Jamón en Teruel (buenísimo)

Pote asturiano (superior)

Pulpo y empanadillas en la costa coruñesa

Tengo muchas más fotos, pero tampoco hay que exagerar. Lo que he puesto arriba estaba todo muy bueno, y lo que no lo estaba tanto, que de todo ha habido, claro es, aquí no lo menciono. Eso sí: los mejores sitios no han sido los más famosos (ni mucho menos), sino donde, al entrar, olía como tiene que oler un sitio en el que cocinan bien. Ojo al dato.

Este viaje ha sido una aventura, una aventura de verdad, más de mes y medio haciendo kilómetros y recorriendo sitios y sitios, hablando con la gente, viendo paisajes, monumentos, calles, plazas mayores, costas y montañas, playas solitarias (de estas, pocas, las menos), y abriéndome paso en aglomeraciones turísticas y otros lugares ingratos, diría yo, pero que también quería visitar. En defintiva, una movida. Y hablando de movidas, a sus amantes recomiendo ESTO.

Camargo Rain en Marte

Camargo Rain (planeta Tierra, España, siglo xx), de quien en ocasiones se dijo que era marciano –aunque en general se le tildara sólo de perro verde–, fue sucesivamente estudiante, ala pívot (en el colegio), cabo rojo, escritor de columnas periodísticas, aficionado a la cerveza y otras hierbas, cocinero y músico por afición, maestro de turistas, correcaminos, fotomatón, defensor de la gramática, observador de los cielos estrellados…, pero comenzaré de nuevo porque me estoy liando.

Camargo Rain, autor de este y otros trabajos (algunos larguísimos), a los dieciocho años comía piedras, y a los veinticinco hacía arroz como si fuera para el perro: lo echaba en una cazuela y revolvía…

(Tampoco. A ver ahora.)

Camargo Rain, que tiene de todo –menos vergüenza–, aparte de hacer un millón de fotos también ha ejercido otras industrias, de las que la menor no ha sido la de escribir novelas, unas ambientadas en la época actual y otras en la más lejana de las lejanías…, novelas de aventuras para quienes leen con los ojos, que es lo habitual, pero también para quienes lo hacen con los pies (deseando que dejen de hacerlo), que son abundantes; para quienes tienen hambre –que asimismo puede ser de lectura–, y para quienes de improviso necesitan un rato de diversión. En estos libros, por supuesto, no se aclaran todos los procedimientos para recorrer con bien los borrascosos senderos de la existencia, y mucho menos los modernos, pero sí algunos: los que a quien lo escribió (entre sesión y sesión) le parecieron más importantes.

 

El que quiera saber más, que mire AQUÍ.

Pollo de verdad: pollo pollo

(Nota: la foto, como se ve, es de un pavo real, pero es para ambientarse. El pollo que se describe en esta receta, que es el de la Navidad de los viejos tiempos –de hace 60 años, más o menos–, es una cosa que hoy, como no lo hagas tú…)

Aprovechando las fechas, diré que este pollo es muy a propósito para comer el día de Navidad.

Hace falta un pollo de verdad. Los amarillos de Coren están buenos y sirven para esto, aunque los hay mejores. En cualquier caso, hay que hacerlo con un pollo como Dios manda, de dos y medio o tres kilos (o más). Asimismo se puede hacer con gallina de granja, de las amarillas, que también están muy buenas.

La cosa es sencillísima:

1/ Que te troceen el pollo (o la gallina) en la carnicería: di que vas a guisarlo (no asarlo o freírlo).

2/ En una cazuela grande se fríe despacio mucha cebolla (tres mínimo, más o menos picadas), y mientras tanto se hace un majado con cinco o seis dientes de ajos, un cuarto de barra de pan duro y un buen manojo de perejil. Se fríe en una sartén, primero los ajos y el pan, todo en trozos, y cuando esté frito, se echa el perejil muy picado (sólo las hojas; los tallos no), que se hace en seguida. En cuanto coja un poco de color (el perejil), se echa lo de la sartén en un mortero y se machaca todo lo que se pueda.

3/ Una vez más o menos frita la cebolla, se añade el pollo en trozos y se le da unas vueltas para que se fría por todas partes. Una vez algo frito se añade una punta de pimentón, se le da otra vuelta sin que se llegue a quemar, y el majado del mortero. Se continúa revolviendo un poco para que todo se impregne de ello, y se añade entonces vino blanco, mejor ajerezado, cuarto de litro o algo menos.

4/ A continuación se añade agua (si se dispone de caldo, mejor) hasta que se vea que aquello tiene líquido suficiente para cocer. Se hace hervir, y una vez hierve, se pone el fuego bajo, se tapa y se deja que se vaya haciendo. Un pollo de los buenos puede tardar una hora o un poco más, aunque conviene vigilarlo y dejarlo hasta que esté en su punto. Esto se hace pinchándolo, probándolo, y decidiendo si ya está guisado. Si es gallina tarda algo más; a lo mejor hasta dos horas.

5/ Una vez hecho se apaga el fuego y se deja enfriar, y una vez frío, se mete en la nevera y se le deja tranquilo hasta que se vaya a comer, que puede ser al día siguiente o dos días después. Con esto mejora aún más.

A la hora de comer, se calienta bien en la misma cazuela y a la mesa.

 

Y hasta aquí llegó esta historia, que por hoy ya he dado bastantes ideas. El que quiera saber más, que mire en ESTE SITIO

 

Zarzuela de pescado

Hay que conseguir bastante pescado, puesto que este guiso no lleva arroz ni patatas ni nada que rellene; es todo pescado. Una mezcla de ellos puede ser: merluza (o pescadilla), rape (cabeza y un trozo, o uno pequeño), congrio de la parte abierta, algún salmonete (etc., con lo que se quiere decir un cuco, o un cabracho, si uno está de humor para desespinarle, o algo de palangre…; en todo caso, pescado bueno, nada de congelados); bastantes calamares y mejillones, amén de algo de marisco, unos langostinos, o gambas, almejas, etc. El pulpo le va perfectamente a este plato, pero hay que cocerlo aparte pues tarda en hacerse bastante más tiempo que el resto.

El pescado propiamente dicho (pescadilla, rape, etc.; los salmonetes y peces similares, no) se cuece un poco para limpiarlo y hacer caldo; los mejillones, también. Todo el caldo se cuela y se guarda, y el pescado (y los mejillones) se limpia y se desecha lo sobrante, espinas, cabezas, cáscaras, etc. El pulpo, una vez cocido, se trocea.

Se confecciona asimismo un «aliño universal español» (ajo y pan, todo picado y frito en una sartén, y perejil también picado al final), con bastantes almendras en el frito. Se machaca en el mortero hasta hacer una pasta y se reserva.

(Ahora viene lo bueno.)

En una saltera se fríe una cebolla y varios ajos, todo más o menos picado, un pimiento y unas hojas de laurel, y cuando esté hecho se añade bastante tomate pelado y en trozos; también se puede añadir algo de perejil picado. (Esta forma de empezar es la misma que para una paella de pescado.) Se deja que se haga una especie de pisto, conseguido lo cual se rehogan en él los calamares troceados y limpios durante diez minutos. Luego se añade vino blanco, el aliño y el caldo que tenemos preparado, el pulpo troceado, el marisco (gambas o lo que sea), los salmonetes troceados (si los usamos) sin espina ni cabeza –es decir, sólo la carne–, y todo cuanto haya crudo. Se deja que aquello hierva y pierda bastante agua (no del todo), y cuando parezca que está (se hace en seguida, y si se tiene mucho tiempo se pone estropajoso) se añade el pescado que tengamos ya cocido y los mejillones. Se revuelve, se le da una vuelta y se deja otros cinco minutos. Se puede adornar por encima con rodajas de pan frito.

Los restos (si sobra caldo, por ejemplo, o trozos de pescado) se pueden usar para hacer una sopa o un arroz con pescado.


AQUÍ se puede ver mi libro de cocina,

AQUÍ una página con muchas recetas (y fotos),

y AQUÍ, cosas aún más divertidas (sólo para lectores).

«La cocina española de siempre» para el que lo quiera

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Desde el día 26 al día 30 de este mes de julio, ambos incluidos, estará en descarga libre (gratis y sin virus ni troyanos ni bichos de esos) el libro de cocina llamado La cocina española de siempre. Es un libro de recetas, pero de leer, es decir, que lo puedes leer todo seguido, como si fuera una novela, y el resultado es que te entra hambre.

Se puede bajar aquí:

 https://www.amazon.es/dp/B01I41EBWE

 


Y además se puede ver esto, que no es el libro sino parecido:

https://sites.google.com/site/lacocinaespanoladesiempre/

y esto otro:

https://www.amazon.com/author/camargorain

 

Vichyssoise

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La vichyssoise es una sopa absolutamente medicinal (es decir, que sienta de película, y no digamos ya para las resacas) que se compone de puerro, cebolla, patata, caldo de gallina (o de carne en general) y leche.

El procedimiento es muy sencillo: sobre aceite de oliva (los franceses dicen que sobre mantequilla, pero la cocina francesa tiene ese inconveniente de las grasas animales) se rehoga bastante puerro picado, sobre todo de lo blanco, aunque también se puede añadir algo de lo verde. También cebolla o cebolleta muy picada (no tanta como puerro), y se deja que se sofría todo a fuego lento y sin que coja color en ningún momento. Luego se añaden rodajas de patata cortadas muy finas, que hay que dejar que se hagan un poco con el puerro y la cebolla, y cuando aquello lleva un cuarto de hora se añade medio litro de caldo de gallina desgrasado.

Se deja cocer 40 minutos, y luego reposar fuera del fuego otro cuarto de hora. Al cabo se mete la minipimer y se convierte la mezcla en puré añadiéndole leche a voluntad, pero sin aclararla demasiado. A continuación se deja que se enfríe y al fin se mete en la nevera, pues esta es una sopa, muy adecuada para el verano, que se toma fría (aunque hay quien la toma caliente). Para desayunar, para comer, para cenar…, no hay nada mejor, y ya lo dirán quienes la prueben.

Al final, al servirla, se le puede añadir más leche para dejarla del grosor que se desee (los franceses echan nata, pero eso los franceses), y para adornar, un poco de perejil picado, o cebolleta o lo que a cada uno le guste.


También se puede mirar aquí:

https://www.amazon.com/author/camargorain

y aquí:

La cocina española de siempre

 

Published in: on Domingo, junio 26, 2016 at 12:34 pm  Dejar un comentario  
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