Comida española durante un viaje

Que en este país se come bien, no hay para qué repetirlo, pero como últimamente he dado una larga vuelta por sus caminos, he aprovechado para observar cómo están las cosas con esto de la modernidad, que seguramente han cambiado mucho. El resultado ha sido bueno, a saber:

Fideuá en Valencia (muy buena)

Helado en Alicante

Caldo gallego en Lugo (de lo mejor)

Cordero guisado en Castilla

Gazpacho en Cáceres

Jamón en Teruel (buenísimo)

Pote asturiano (superior)

Pulpo y empanadillas en la costa coruñesa

Tengo muchas más fotos, pero tampoco hay que exagerar. Lo que he puesto arriba estaba todo muy bueno, y lo que no lo estaba tanto, que de todo ha habido, claro es, aquí no lo menciono. Eso sí: los mejores sitios no han sido los más famosos (ni mucho menos), sino donde, al entrar, olía como tiene que oler un sitio en el que cocinan bien. Ojo al dato.

Este viaje ha sido una aventura, una aventura de verdad, más de mes y medio haciendo kilómetros y recorriendo sitios y sitios, hablando con la gente, viendo paisajes, monumentos, calles, plazas mayores, costas y montañas, playas solitarias (de estas, pocas, las menos), y abriéndome paso en aglomeraciones turísticas y otros lugares ingratos, diría yo, pero que también quería visitar. En defintiva, una movida. Y hablando de movidas, a sus amantes recomiendo ESTO.

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Camargo Rain en Marte

Camargo Rain (planeta Tierra, España, siglo xx), de quien en ocasiones se dijo que era marciano –aunque en general se le tildara sólo de perro verde–, fue sucesivamente estudiante, ala pívot (en el colegio), cabo rojo, escritor de columnas periodísticas, aficionado a la cerveza y otras hierbas, cocinero y músico por afición, maestro de turistas, correcaminos, fotomatón, defensor de la gramática, observador de los cielos estrellados…, pero comenzaré de nuevo porque me estoy liando.

Camargo Rain, autor de este y otros trabajos (algunos larguísimos), a los dieciocho años comía piedras, y a los veinticinco hacía arroz como si fuera para el perro: lo echaba en una cazuela y revolvía…

(Tampoco. A ver ahora.)

Camargo Rain, que tiene de todo –menos vergüenza–, aparte de hacer un millón de fotos también ha ejercido otras industrias, de las que la menor no ha sido la de escribir novelas, unas ambientadas en la época actual y otras en la más lejana de las lejanías…, novelas de aventuras para quienes leen con los ojos, que es lo habitual, pero también para quienes lo hacen con los pies (deseando que dejen de hacerlo), que son abundantes; para quienes tienen hambre –que asimismo puede ser de lectura–, y para quienes de improviso necesitan un rato de diversión. En estos libros, por supuesto, no se aclaran todos los procedimientos para recorrer con bien los borrascosos senderos de la existencia, y mucho menos los modernos, pero sí algunos: los que a quien lo escribió (entre sesión y sesión) le parecieron más importantes.

 

El que quiera saber más, que mire AQUÍ.

Aviso para lectores

Desde el 7 de este mes de mayo, hasta el 16, podéis conseguir dos de mis libros descargándolos en un portal en el que no meten virus ni troyanos: Amazon. Son estos dos:

 

El procedimiento es muy sencillo, pero como no me apetece escribirlo otra vez, mejor id a este blog (es otro de los míos), en donde se dan toda clase de detalles sobre cómo hacerlo:

https://camargorain.wordpress.com/

 

Que lo paséis bien si los leéis (yo creo que son divertidos), y en último caso también podéis mirar AQUÍ.

Viaja con los ojos de la mente

Ya podéis ir preparando el lector y la cabeza, porque si estas estaciones que vienen, primavera y verano, se os complican (o sea, que os deja la novia o el novio, o en el trabajo se niegan a daros vacaciones, u os meten en la cárcel o en el hospital, o llueve…, o lo que sea), siempre podéis salvar el escollo y viajar, sí, viajar, aunque sea con los ojos de la mente, que tampoco es mala forma de hacerlo. Para ello, ¿qué mejor ocupación que la de leer libros de aventuras?

 

 

A los que les gusten estos libros,  narraciones históricas o contemporáneas, les puedo recomendar el siguiente enlace, en donde se pueden ver unos cuantos y hay donde elegir:

https://www.amazon.es/Camargo-Rain/e/B019RODFL0

Un libro sin diálogos y sin dibujos…, ¿para qué sirve?

Como tengo muchísimos, he puesto un libro nuevo en Amazon. Es la historia de una chica que se llama Anastasia, a la que seguramente por abreviar, aunque tampoco sea abreviar mucho, todo el mundo llama Nastasia.

Es una novela, pero está hecha de retazos cortos (de dos o tres páginas), tales como Yo nací con los Bitels, Mi madre y mi vida, Cuando fui concebida, Primeras aventuras, El pueblo y el mundo, Viaje en tren… (etc., etc.), que parece que es una forma de desarrollar las narraciones que a la gente ahora le gusta.

(Esto, yo creo, se debe a la vagancia del público lector, que piensa más o menos lo mismo que la protagonista de Alicia en el país de las maravillas, la cual, en el prefacio, dice:

–Un libro sin dibujos y sin diálogos…, ¿para qué sirve?)

En el libro se relatan los primeros veinte años de la existencia de esta chavala, durante los que le dio tiempo a crecer, a estudiar, a correr delante de los guardias en las manifestaciones, a acercarse sola hasta Valencia en una lambretta porque nunca había visto el mar, a trabajar en un bar de copas, a conocer al Rockero (personaje importante), a organizar su propio negocio (que recibió un nombre célebre: la guerra de las galaxias), y, en fin, a mil cosas más que ahí se detallan. Y al final, ¿qué sucede? ¡Ah!, eso lo descubrirá el que lo lea.

O dicho de otra manera:

Nastasia nació con los Bitels, desde luego, y emigró a la capital de la nación en busca del país de la Bella Durmiente, lo que era de rigor en los tiempos que decimos. Acompañada por su oso Sososo, su madre y su tía Conchita –mentora y consejera de su vida al completo–, conoció en la gran ciudad al hacedor de sus días, que sin conseguirlo intentó llevarla por la senda de la amargura, aunque asimismo al Rockero, el Rockero solitario, también llamado Monticola solitarius, fundador de aquel célebre bar de copas, la «Casa de cabras», y trasunto del homónimo pájaro de acantilado que pasa su vida en la más estricta soledad, muestra acerados colores y posee un pico de oro como no se ha visto igual…

Nastasia, sí, hay que decirlo, fue afortunada, a pesar de su temprana y trágica desaparición, pero mientras esta llegó, recorrió los primeros veinte años de su vida dedicada a los menesteres que son propios a los años de la juventud, aquello de la Caravana de la Estrella Polar o lo no menos famoso de la Guerra de las Galaxias…

Ahora sólo queda por aclarar quiénes son los personajes. Yo soy Nastasia, todos somos Nastasia, ¿o debería decir, Nastasia somos todos?

 

Semejante libro (casi 300 páginas) puede verse aquí:

https://www.amazon.es/dp/B07C9BZ6TS

 

De paso, también podéis ver esto otro:

https://www.amazon.es/Camargo-Rain/e/B019RODFL0

 

Novela nueva y gratis: para cualquiera

Desde hoy, lunes 19 de marzo (día del padre, san José y demás), hasta el sábado, gratis este libro aquí: https://www.amazon.es/dp/B079TBP55B. Si quieres leerla, no lo puedo poner más fácil.

Novela ambientada en la España de los Austrias, aquel abigarrado mundo de pícaros y descubridores, de señores y criados, de ovalados carros de seis ruedas, puertos de mar y palacios de piedra rodeados de palmeras. Es el sur, donde abundan el vino y los perniles, las riberas del océano Atlántico.

Juan Rui de Velasco, antes llamado Abenasar, es un personaje de 1600. Traficante, contrabandista, músico, fabricante de salmueras, coleccionista de arte…, sus actividades se extienden por las orillas de ambas Indias, las orientales y las occidentales. Con el apoyo de personajes con influencia, y asistido por sus socios, entra en el negocio de los transportes terrestres, que entonces comenzaban de la mano de una familia judía favorecida por el rey, los Taxis, y de esta forma, para reconocer el terreno, se embarca en un viaje que le lleva a recorrer la península ibérica de sur a norte: es el viaje del morisco.

Juan Rui de Velasco tomó largas notas durante su viaje, y dejó escrito:

En la amurallada población de Astudillo, mediado el mes de julio del año del Señor de MDCI.

Es de noche, y en las profundidades de una posada polvorienta, a la luz de un candil de aceite perfumado enarbolo la pluma y anoto lo que sigue:

En esta tierra de mieses y nubes blancas, en la que un claro tiempo nos acompaña, he descubierto el secreto mejor guardado.

——————————

De manera paralela, aunque en el siglo XXI, varios personajes de fábula que tienen el castellano de idioma común, van a alumbrar las huellas de aquel viaje, tan lejano en el tiempo…, lo cual tiene lugar en diversos escenarios, tales como la Puebla de los Mártires, la campestre Ucrania, la ciudad de Londres o el estrecho de Mesina.

 

De paso, también podéis ver esto otro:

https://www.amazon.es/Camargo-Rain/e/B019RODFL0

Cómo hablan (y cómo piensan) los personajes de los libros

Recursos para escritores

Cuando uno se pone a escribir debe adoptar identidades dversas, y por lo tanto meterse en la piel de los actores, puesto que los personajes deben hablar como lo que representan. Por ejemplo, los niños. Así que cabría preguntarse, ¿cómo hablan los niños?

Aquí debajo pongo unos ejemplos:

 

Niña de 6 años hablando de las letras

Los protagonistas de los cuentos tienen el cuerpo hecho de sopa de letras, sí, y no sólo los protagonistas, también los personajes secundarios, el leñador y la bruja del bosque y tantos otros; los animales de sus corrales y los lugares en que todo aquello sucede, los bosques y los paisajes y hasta el fondo del mar, todo está hecho de sopa de letras. Los cuentos que yo he leído son una pura sopa de letras, no hay más que ver las páginas un poco de lejos, y esto es así porque sucede un fenómeno inexplicable y que voy a intentar aclarar. Los ojos de la cara ven letras, sí, pero los ojos de la mente…, fíjense ustedes, los ojos de la mente no ven letras sino que ven cuerpos, ven actitudes, ven paisajes y nubes y objetos de todo tipo… ¿No es esto precisamente la magia?

En mis cuentos yo he visto mil y una máquinas y entidades. Ranas verdes, brujas, leñadores, barcos de tres palos, hermanos perdidos en un bosque, cielos estrellados, bellas durmientes, y sin embargo sólo veía letras, igual que ve usted, quien me mira. Son los caprichos y las ilusiones de la mente, lo que sucede cuando nos adentramos en el reino de los pensamientos encantados, lo que nos sugieren las infinitas sopas de letras que danzan en el Universo, incluida la de pasta. A mí antes no me gustaba mucho, bueno, no me gustaba nada, eso de los fideos no se ha hecho para mí, voy a decir la verdad, los macarrones sí, ¡mmmmh…!, ¡están buenísimos!, pero las sopas…, y entonces un día Maná me dijo, […]

(Lo anterior es de ESTE LIBRO.)

 

Niña de 14 años que regresa de una estación de esquí y no puede parar de hablar

La niña volvió de su viaje contando y no acabando, sobre todo de los chicos con los que había ligado,

porque ligamos nosotras, ¿verdad?, que ellos lo único que hacen es el tonto, bueno, y aceptar como corderitos lo que les des, ¿a que sí…?, o eso dice Candela, ¿tú qué crees?, ¿es verdad o no?, sí, hija, es casi verdad del todo, bueno, pues Rosana y yo, y las demás, claro, teníamos a todos los de otro colegio el día entero detrás, se venían a comer a nuestro comedor y nos invitaban a todo, a helados y a coca colas y a ir por la noche a la discoteca, pero nosotras les dijimos que no, que de quedar, nada, que ya nos veríamos allí, y por la noche íbamos y allí estaban todos, en fila…, ¡jo, y no veas…!, ¿tú has bebido alguna vez un cubata?, yo bebí un poco, con Rosana, que nos invitó uno que era algo mayor porque a nosotras no nos daban, y estaba asqueroso pero al final nos lo acabamos, y te entra una marcha…, nos pasamos la noche bailando las dos en mitad de la pista y nos tuvieron que echar, bueno, y a otros varios, porque no nos queríamos ir, y entonces salimos afuera y estuvimos hablando, que hacía muchísimo frío, y al cabo de un rato salió una de las señoritas y nos hizo meternos a todos y nos mandó a cada uno a su cama, ¿y sabes qué?, pues que algunos de los chicos llevaban hasta corbata, que no sé para qué la llevaban pero la llevaban, y luego, a los pocos días, resultó que había uno que tenía una cámara muy grande y estaba venga a decir que nos quería hacer fotos, y algunas dijeron que no pero yo dije que bueno, que a mí no me importaba, y me hizo algunas pero me decía que me tenía que cambiar de ropa, y como allí casi no tenía, porque no teníamos más que los monos de esquiar, me vestí con la ropa de Rosana y de otras, con una minifalda que tenía una y hasta con los bikinis, porque había una piscina caliente desde la que se veía toda la nieve, y estábamos todo el día allí metidos…, aunque también esquiábamos, ¿eh?, pero hacíamos las dos cosas…, y me ha dicho que las fotos me las va a mandar a casa.

(Lo anterior es de ESTE LIBRO.)

 

Niña de 5 años soñando

El borroso escenario se presenta desierto y sólo algún pájaro que los sobrevuela graznando pone una nota melancólica en el ambiente… Difuso cielo azul recortado por los árboles… Lo hondo del bosque… Todo se mueve, sí, todo se mueve… Ilusiones, fantasías, espejismos y apariciones que se abren paso a viva fuerza y de ninguna manera podemos gobernar…

Mará, de repente, ve un oso. Está allí, a su lado, con el largo hocico peludo, sentado en el suelo y la espalda apoyada en un árbol. Sin embargo, el oso no la ve a ella. No, no me ve. Soy invisible. Bueno, no, mejor: soy gaseosa, como una nube o un ángel que se estira y se encoge. ¡Boing…! Ahora paso delante de él, y el oso, que es negro, es oscuro, sin abrir los ojos sacude la cabeza y se come una mosca. ¡Clac! El sonido de las mandíbulas infunde respeto, es mejor no acercarse por si acaso, el oso no me ve, no me siente, pero ¿y si se confunde y cuando le meta el dedo en la boca pasa otra mosca? Porque si quiero le meto el dedo en la boca… No, mejor en la nariz… ¡Ayyy…! ¿Qué sucede? Mamut, que también es un espíritu de la tarde y ha crecido, es más grande que el oso…, ¡hala…!, me contempla con sorpresa. ¡Mira…!, ¡tiene la nariz llena de mocos…!, y él se arrima y husmea. No, mi ama: es miel. ¡Ah, miel…!, menos mal. Mamut tiene la voz de una persona mayor, a lo mejor es una persona mayor, desde luego es grande, y como es una persona mayor, me protege y no tengo miedo de nada. Los dos somos como sombras luminosas que culebreamos y estamos aquí y estamos allá, tan pronto en este sitio como al otro lado del camino de tierra, donde se revuelcan los jabalíes, que tampoco pueden hacernos nada, ¿cómo nos lo van a hacer si somos los espíritus del bosque?, eso, ¡qué divertido!, podemos subir y bajar por los troncos de los árboles sin que nadie se dé cuenta, ni las mariquitas, ¿a que sí?, y las mariquitas mueven la cabeza arriba y abajo y, todas a una, dicen, sí, es verdad, sois como espíritus del bosque, pero ¿a que no sabéis cómo se llaman los espíritus del bosque?, y yo me acelero y me confundo, no, bueno, sí…, espera…, aunque al fin me acuerdo, ¡ah, ya sé!, duendes, duendes grandes, mayores que el oso, duendes transparentes que no ocupan lugar bajo la luna, y Mamut me mira, pero ¿no era por la tarde?, Mamut es mayor y reflexivo, se acuerda de todo, y yo le digo, sí, pero da igual, además, por la tarde también se puede ver la luna, ¿tú nunca la has visto?, y debe de ser por la tarde porque yo creo que ya hemos comido, ¿no te acuerdas?, tortilla de patata…, mmm…, ¡qué buena!, y tú comías las cortezas de los quesos y las tiras blancas del jamón, que no eran ilusión, ¿eh?, que eran de verdad, y el perrín tiene un estremecimiento y emite uno de esos ladridos sordos que casi no se oyen, porque ¿no sueñan también los perros? Quizá él vio al oso descender del árbol y apartarse con premura, ¡por ahí vienen los humanos!, …dita sea, hay que poner tierra por en medio…, y el oso se va protestando, desaparece el peculiar aroma que lo delata –que seguramente tiene algo que ver con el vinagre y otras especias que están usando en la frontera cocina–, y al fin se queda tranquilo y deja escapar un suspiro. ¡Ya se fue!

Mará, sin embargo, no ha dejado de ver el bosque, ¡qué va!, porque la fronda permanece inalterable. Ya no está el oso, que a saber adónde se ha ido, y tampoco están las mariquitas, que se habían constituido en asamblea, pero quedamos nosotros, los espíritus del bosque…, no, los duendes, Mamut lleva un sombrero muy raro y zapatos puntiagudos con estrellas pintadas…, no, tampoco, no son pintadas sino estrellas de verdad, casi no puede andar, el pobre, aunque como es transparente yo creo que le da igual, vamos por el caminito entre los árboles y nos paramos en donde queremos, él lo huele todo y yo miro dentro de los agujeros de la tierra y de los árboles, a lo mejor encuentro algo, y cuando durante un momento la espesura se aclara oigo una guitarra, aunque es al otro lado del valle, en las montañas de enfrente, ¿será mi padre?, ¿por qué he pensado en él?, será porque también es grande, él sí que es grande, más alto que las montañas blancas, y lleva las botas de siete leguas y a cada paso que da avanza tanto que no le podemos alcanzar, sus zancadas resuenan en el bosque y los animales se apartan, vámonos de aquí, que llega el gigante de pies de hierro…, pero no todo es una ilusión, no, una quimera, porque cuando salimos al claro que hay en la falda de las montañas, allí está él, mi padre, es por la tarde y está sentado como antes el oso, con la espalda apoyada en un árbol, es muy grande, pero eso ya lo he dicho antes y no me da miedo, y tiene la guitarra entre las manos, mira al cielo y canta por lo bajo, aunque luego se pone en pie y canta más alto mientras rasguea el instrumento…, allí está, pero él tampoco nos ve porque somos transparentes, y nos acercamos hasta colocarnos a su lado, ¿cómo se llama esa canción?, se llama Bésame mucho, sí, como si fuera esta noche la última vez…

[…]

Y hasta aquí llegó la broma, que por hoy ya he dado bastantes ideas. El que quiera saber más, que mire en ESTE SITIO

Inicio de una novela: broma total

Recursos para escritores

 

Los escritores que no saben mucho, o los escritores noveles, o novatos, o novicios, o primerizos, o inexpertos… se enfrentan a un papel en blanco y se preguntan: ¿cómo inicio esta novela? Porque ellos quieren escribir una novela

La respuesta es: aparta el papel y ponte a pensar, que es algo que se puede hacer en cualquier parte. En la ciudad, en el campo, en el trabajo, durante los sueños o los paseos, con los amigos, solo, mirando por la ventana, comiendo chocolate (negro, claro es), oyendo música (de Bach, preferentemente) o ruidillo de ese que hay ahora y al que algunos, mayormente los que saben tanto lo que es la música como lo que se refiere al comienzo de una narración, llaman música… En fin, en cualquier lado, que el escenario importa poco y lo que cuenta son los lóbulos frontales de la corteza cerebral, que es donde reside el reino de la fantasía.

Llegados a este punto, uno debería preguntarse: ¿de qué quiero escribir una novela? Y aquí intervienen los géneros.

¿Quiero escribir una narración de intriga, de misterio, policíaca, de espías…? O bien, ¿quiero escribir una historia romántica, de amoríos, de chicas que se levantan de la cama y se van a la oficina, y allí…, pues todo eso, o chicos que lo pasan fatal porque …? O no. Quizá lo que quiero es escribir una novela ambientada en época remota, cuando los sumerios, o los fenicios, o los romanos, o los bárbaros, o los hombres y mujeres que vivieron en la Edad Media… ¿Y por qué no acerca de los que conquistaron continentes, que aquellos sí que fueron arduos trabajos? Toda la jornada caminando por la selva, y para evitar la muerte a manos de los indios flecheros, con armadura, que la cosa tiene mérito…

Otros géneros que no se deben olvidar son las novelas de aventuras, las de terror, las costumbristas, las de hadas, las de risa… En fin, sería el cuento de nunca acabar.

En definitiva: ¿de qué quiero escribir una novela? Para dilucidar semejante asunto no hacen falta papel ni lápiz, sino, como ya he dicho, poner en marcha la máquina que todos tenemos en la cabeza, que sirve para algo más que para llevar sombrero.

Vas por el monte con los perros, estás tirado en la campa mirando las montañas azules…, y de repente, ¡zas!, una imagen brinca ante tu entendimiento sin que seas capaz de averiguar cómo se ha producido. ¡Es una niña…!, sí, una niña de cinco años que se ha escapado de casa por una ventana y, con el perro, que tiene cinco meses, se ha internado en las veredas sólo holladas por los animales salvajes porque quiere ir a ver el bosque

 

La niña que quería ver el bosque

El borroso escenario se presenta desierto y sólo algún pájaro que los sobrevuela graznando pone una nota melancólica en el ambiente… Difuso cielo azul recortado por los árboles… Lo hondo del bosque… Todo se mueve, sí, todo se mueve… Ilusiones, fantasías, espejismos y apariciones que se abren paso a viva fuerza y de ninguna manera podemos gobernar…

Mará, de repente, ve un oso. Está allí, a su lado, con el largo hocico peludo, sentado en el suelo y la espalda apoyada en un árbol. Sin embargo, el oso no la ve a ella. No, no me ve. Soy invisible. Bueno, no, mejor: soy gaseosa, como una nube o un ángel que se estira y se encoge. ¡Boing…! Ahora paso delante de él, y el oso, que es negro, es oscuro, sin abrir los ojos sacude la cabeza y se come una mosca. ¡Clac! El sonido de las mandíbulas infunde respeto, es mejor no acercarse por si acaso, el oso no me ve, no me siente, pero ¿y si se confunde y cuando le meta el dedo en la boca pasa otra mosca? Porque si quiero le meto el dedo en la boca… No, mejor en la nariz… ¡Ayyy…! ¿Qué sucede? Mamut, que también es un espíritu de la tarde y ha crecido, es más grande que el oso…, ¡hala…!, me contempla con sorpresa. ¡Mira…!, ¡tiene la nariz llena de mocos…!, y él se arrima y husmea. No, mi ama: es miel. ¡Ah, miel…!, menos mal. Mamut tiene la voz de una persona mayor, a lo mejor es una persona mayor, desde luego es grande, y como es una persona mayor, me protege y no tengo miedo de nada. Los dos somos como sombras luminosas que culebreamos y estamos aquí y estamos allá, tan pronto en este sitio como al otro lado del camino de tierra, donde se revuelcan los jabalíes, que tampoco pueden hacernos nada, ¿cómo nos lo van a hacer si somos los espíritus del bosque?, eso, ¡qué divertido!, podemos subir y bajar por los troncos de los árboles sin que nadie se dé cuenta, ni las mariquitas, ¿a que sí?, y las mariquitas mueven la cabeza arriba y abajo y, todas a una, dicen, sí, es verdad, sois como espíritus del bosque, pero ¿a que no sabéis cómo se llaman los espíritus del bosque?, y yo me acelero y me confundo, no, bueno, sí…, espera…, aunque al fin me acuerdo, ¡ah, ya sé!, duendes, duendes grandes, mayores que el oso, duendes transparentes que no ocupan lugar bajo la luna, y Mamut me mira, pero ¿no era por la tarde?, Mamut es mayor y reflexivo, se acuerda de todo, y yo le digo, sí, pero da igual, además, por la tarde también se puede ver la luna, ¿tú nunca la has visto?, y debe de ser por la tarde porque yo creo que ya hemos comido, ¿no te acuerdas?, tortilla de patata…, mmm…, ¡qué buena!, y tú comías las cortezas de los quesos y las tiras blancas del jamón, que no eran ilusión, ¿eh?, que eran de verdad, y el perrín tiene un estremecimiento y emite uno de esos ladridos sordos que casi no se oyen, porque ¿no sueñan también los perros? Quizá él vio al oso descender del árbol y apartarse con premura, ¡por ahí vienen los humanos!, …dita sea, hay que poner tierra por en medio…, y el oso se va protestando, desaparece el peculiar aroma que lo delata –que seguramente tiene algo que ver con el vinagre y otras especias que están usando en la frontera cocina–, y al fin se queda tranquilo y deja escapar un suspiro. ¡Ya se fue!

Mará, sin embargo, no ha dejado de ver el bosque, ¡qué va!, porque la fronda permanece inalterable. Ya no está el oso, que a saber adónde se ha ido, y tampoco están las mariquitas, que se habían constituido en asamblea, pero quedamos nosotros, los espíritus del bosque…, no, los duendes, Mamut lleva un sombrero muy raro y zapatos puntiagudos con estrellas pintadas…, no, tampoco, no son pintadas sino estrellas de verdad, casi no puede andar, el pobre, aunque como es transparente yo creo que le da igual, vamos por el caminito entre los árboles y nos paramos en donde queremos, él lo huele todo y yo miro dentro de los agujeros de la tierra y de los árboles, a lo mejor encuentro algo, y cuando durante un momento la espesura se aclara oigo una guitarra, aunque es al otro lado del valle, en las montañas de enfrente, ¿será mi padre?, ¿por qué he pensado en él?, será porque también es grande, él sí que es grande, más alto que las montañas blancas, y lleva las botas de siete leguas y a cada paso que da avanza tanto que no le podemos alcanzar, sus zancadas resuenan en el bosque y los animales se apartan, vámonos de aquí, que llega el gigante de pies de hierro…, pero no todo es una ilusión, no, una quimera, porque cuando salimos al claro que hay en la falda de las montañas, allí está él, mi padre, es por la tarde y está sentado como antes el oso, con la espalda apoyada en un árbol, es muy grande, pero eso ya lo he dicho antes y no me da miedo, y tiene la guitarra entre las manos, mira al cielo y canta por lo bajo, aunque luego se pone en pie y canta más alto mientras rasguea el instrumento…, allí está, pero él tampoco nos ve porque somos transparentes, y nos acercamos hasta colocarnos a su lado, ¿cómo se llama esa canción?, se llama Bésame mucho, sí, como si fuera esta noche la última vez…

[…]

 

Y hasta aquí llegó la broma, que por hoy ya he dado bastantes ideas. El que quiera saber más, que mire en ESTE SITIO

SÓLO PARA LECTORES empedernidos

Desde el 20 de diciembre hasta el 15 de enero (casi un mes) voy a poner GRATIS cada día uno de estos libros. Se podrán descargar (por la cara, ya digo) en la siguiente dirección: https://www.amazon.es/Camargo-Rain/e/B019RODFL0

El procedimiento es muy sencillo: entras en esa página, miras a ver cuál de ellos es el que ese día vale 0,00 €, y lo bajas. Sin más. Unos días estará uno y otros, otro. Si no aciertas con el que quieres, mira otro día, porque cada uno va a salir cuatro o cinco veces.

Esto se hace desde Amazon, que, como es sabido, es una página seria, es decir, que no te meten virus ni troyanos ni cosas de esas.

¡Ah!, y felices fiestas y que lo paséis bien.

P.S.: Si quieres enterarte de los detalles de cada uno de los libros, mira en la dirección que hay arriba, y haciendo clic en la portada de cada uno…

Pollo de verdad: pollo pollo

(Nota: la foto, como se ve, es de un pavo real, pero es para ambientarse. El pollo que se describe en esta receta, que es el de la Navidad de los viejos tiempos –de hace 60 años, más o menos–, es una cosa que hoy, como no lo hagas tú…)

Aprovechando las fechas, diré que este pollo es muy a propósito para comer el día de Navidad.

Hace falta un pollo de verdad. Los amarillos de Coren están buenos y sirven para esto, aunque los hay mejores. En cualquier caso, hay que hacerlo con un pollo como Dios manda, de dos y medio o tres kilos (o más). Asimismo se puede hacer con gallina de granja, de las amarillas, que también están muy buenas.

La cosa es sencillísima:

1/ Que te troceen el pollo (o la gallina) en la carnicería: di que vas a guisarlo (no asarlo o freírlo).

2/ En una cazuela grande se fríe despacio mucha cebolla (tres mínimo, más o menos picadas), y mientras tanto se hace un majado con cinco o seis dientes de ajos, un cuarto de barra de pan duro y un buen manojo de perejil. Se fríe en una sartén, primero los ajos y el pan, todo en trozos, y cuando esté frito, se echa el perejil muy picado (sólo las hojas; los tallos no), que se hace en seguida. En cuanto coja un poco de color (el perejil), se echa lo de la sartén en un mortero y se machaca todo lo que se pueda.

3/ Una vez más o menos frita la cebolla, se añade el pollo en trozos y se le da unas vueltas para que se fría por todas partes. Una vez algo frito se añade una punta de pimentón, se le da otra vuelta sin que se llegue a quemar, y el majado del mortero. Se continúa revolviendo un poco para que todo se impregne de ello, y se añade entonces vino blanco, mejor ajerezado, cuarto de litro o algo menos.

4/ A continuación se añade agua (si se dispone de caldo, mejor) hasta que se vea que aquello tiene líquido suficiente para cocer. Se hace hervir, y una vez hierve, se pone el fuego bajo, se tapa y se deja que se vaya haciendo. Un pollo de los buenos puede tardar una hora o un poco más, aunque conviene vigilarlo y dejarlo hasta que esté en su punto. Esto se hace pinchándolo, probándolo, y decidiendo si ya está guisado. Si es gallina tarda algo más; a lo mejor hasta dos horas.

5/ Una vez hecho se apaga el fuego y se deja enfriar, y una vez frío, se mete en la nevera y se le deja tranquilo hasta que se vaya a comer, que puede ser al día siguiente o dos días después. Con esto mejora aún más.

A la hora de comer, se calienta bien en la misma cazuela y a la mesa.

 

Y hasta aquí llegó esta historia, que por hoy ya he dado bastantes ideas. El que quiera saber más, que mire en ESTE SITIO