Quien nunca haya estado en este lugar creerá que está en las antípodas, pues no es habitual encontrar por las cercanías (las cercanías y las antípodas de la casa de cada uno, me refiero) escenarios tan deslumbrantes. Y es que, en efecto, no falta casi nada. Los elementos que nos vende el sistema aparecen en todo su esplendor: el verano, por ejemplo, y sus cielos azules, o las aguas del mar y las arenas que las circundan; las personas que se arremolinan sobre ellas y a su disposición tienes botes y canoas y tablas de windsurf, y eso sin decir nada de la construcción que preside el cuadro y parece casi casi de cuento de hadas… ¿Habría que mencionar la terraza sobre la playa (con toldos rojos) que se ve a la izquierda? ¿Y el bosque…?
Para muchos de quienes nunca han estado ahí es uno de los paisajes soñados que proponen las agencias de viajes (aunque estos señuelos suelen ser caros y mentira, eso ya se dijo otras veces), pero este es real, y aunque sólo en ocasiones presenta este mayúsculo aspecto, existe. ¿Dónde está? Muy sencillo: está en Europa, en España, y más concretamente, en su costa norte; es la playa y el palacio de La Magdalena en la ciudad de Santander, y las aguas que se ven son las de su bahía. Esta ciudad es una plaza eminentemente turística, y se distingue por el permanente verdor de los campos (clima marítimo y atlántico) y la moderación de las temperaturas, puesto que raramente hace más de 25ºC o menos de 15, y eso durante todo el año.
