Como es sabido, Juan Evangelista fue un buen dibujante. Hizo sus pinitos en la pintura mediado el siglo XVIII, con ocasión de su sonado romance con Marián, la soprano sevillana que pasó por Lima como integrante de una compañía musical (aventura narrada en el segundo de sus libros, “Siglo de las luces”), y luego nunca abandonó su afición por los pinceles. Mucho más tarde, hacia 1850, mientras construía el Union Pacific, ferrocarril que había de atravesar las llanuras norteamericanas, inmerso como estuvo en las largas noches de ocio que le deparó la guerra de Nube Roja tuvo ocasión de ejercitarse en tal arte, y de aquella época data el autorretrato que traigo hoy a esta página. A la sazón tenía alrededor de cuarenta años.
